PRESENCIA
Tal vez el rasgo más conocido de la pedagogía marista es la presencia. Es una actitud que Marcelino retoma de María, la Buena Madre, siempre presente. La presencia lleva consigo la inmensa riqueza afectiva de la personalidad del educador. La presencia del educador crea ambiente y, antes de que palabra oportuna, es una actitud que propicia confianza. La confianza posibilita la escucha y el diálogo, y abre los corazones a los demás.
Si Marcelino afirmaba con frecuencia que para educar a un niño había que amarlo, hoy estamos ciertos que la presencia es la mejor manera de hacer manifiesto ese amor, por ella el alumno se sabe querido: esto es el requisito de una relación de confianza mutua.
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